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jueves, 5 de noviembre de 2015

Expediente Edduard Harowl - La Llamada de Cthulhu (Parte 5 FIN)

Con el golpe de la noticia en el cuerpo, decidieron ir a casa del señor Lovehigs y sincerarse con todos los descubrimientos que habían hecho, así como las sospechas. El viejo patrón, al escuchar toda la historia, lejos de tratarlos de locos, se levantó en silencio y volvió a los diez minutos con un libro entre las manos. Este libró perteneció a mi hermano. El pobre enloqueció y, a los cinco años de aquello, acabó quitándose la vida. En sus momentos de lucidez me hizo prometer que, cuando el no estuviera guardaría bajo llave este libro y libraría al mundo de su peso. Lo que ustedes me han contado me ha recordado a todo lo que me contaba él, por todo ello creo que deberían tener esto.

   En el trayecto de vuelta a casa Julius estuvo ojeando el libro, estaba en castellano antiguo y no tuvo problema para entenderlo. El libro hablaba sobre encuentros con criaturas extraterrestres y poderosas, capaces de esclavizar a la humanidad, entre tanto, durante la lectura, vio varias veces el nombre de una criatura llamada Gul. Finalmente encontró un apartado que explicaba unas especies de cánticos, a modo de hechizos para invocar criaturas. El grupo decidió que Julius se quedaría investigando cosas en el libro mientras el resto intentaba entrar en la tierra de los sueños oníricamente.


Agno y el agente Manson se tumbaron en las camas y empezaron a soñar. Todo parecía corriente, como tantas otras veces habían soñado, hasta que ambos toparon con el precipicio que tanto había trastocado al desaparecido Harowl. No lo dudaron precipitándose al vacío. Poco a poco, mientras se acercaban a un final que no lograban ver, sintieron como se iban deteniendo en el aire, cada vez caían más lentamente; hasta que se posaron en el suelo. Frente a ellos, una puerta custodiada por tres jueces que tras dotar de alimento del mundo onírico a los recién llegados, invitaron a descender por las escaleras del sueño. Cada vez a más profundidad. Cada vez más mortal.

   Llegaron, tal y como había hecho el desaparecido, a una ciudad infestada de gatos. Intentaron cruzar despacio, entre ellos, mientras estos los miraban atónitos. Alerta. Un mal paso hizo que una cola fuera chafada, desatando la tragedia. Todos los gatos empezaron a maullar y de los cielos descendieron unas criaturas aladas, desfiguradas, del tamaño de personas y atacaron a los investigadores. Intentaron defenderse con todo lo que tenían a mano pero les superaban en número y al poco del inicio de la batalla, ambos investigadores despertaron sobresaltados. Julius los miraba e intrigado preguntó por el viaje. Tras la explicación comprendieron que no podrían volver a entrar, tal y como le había pasado a Edduard. Pero Julius sonrió, pues había encontrado la forma. La llave de plata abriría la puerta y, el hechizo aprendido en el libro encontrado, los guiaría hasta una madriguera,

   Se adentraron en las faldas de la montaña y, una vez preparados, Julius recitó el salmo y un pinchazo cruzó por su sien, obligándole a cerrar los ojos del dolor. Cuando los abrió vio la salida de una madriguera, y la atravesó. Vio un paraje parecido al de la montaña donde ellos se encontraba; un fogonazo le nubló la visión y al volver en sí entendió el error en la traducción. El hechizo no mostraba la madriguera de un Gul; el hechizo te ataba a un Gul. Julius cerró el libro y, con cara de haber visto a la mismisima muerte gritó "Vámonos de aquí" y sin dejar que reaccionaran sus compañeros echó a correr. Volvían dirección a Brexton cuando algo entre la maleza les acechó. Los investigadores desenfundaron sus armas y esperaron. Un engendro con grandes garras y dientes emergió, ansioso, con la intención de comerselos. Los tres abrieron fuego pero, aun habiendo acertado, la criatura no se inmutó. Los ojos de la criatura se volvieron de un rojo intenso, parecían brillar entre el miedo y, sin poder controlarse, Agno descargó un tiro de su escopeta, acertando de pleno en la cabeza de uno de sus compañeros. Julius se desplomó sin vida.

   Manson, ocupado por deshacerse de la bestia, no vio como los cañones del arma de su compañero biólogo le apuntaban a él. El disparo acertó de lleno en la espalda, dejando al agente como un colador. Tembloroso, con miedo en el cuerpo, Agno veía como sus brazos movían el arma poco a poco, encañonándose a si mismo. Lucho por controlar sus brazos pero, cuando la punta del cañón estaba apoyada en su mentón, su dedo disparó el arma. Fue la última vez que nadie buscó al desaparecido Harowl. El Gul se llevó los cuerpos y, con ellos, las pistas para encontrar a Harowl.

Pasado un tiempo de todo aquello. Tras la muerte de cinco niñas del municipio de Brexton, un cuerpo desnudo atravesó la puerta de la guarida de los Guls. Cruzando del mundo onírico al mundo de los vivos. Sus ojos, desencajados y su rostro demacrado, remarcaban su falta de cordura. Aquel ser había cruzado como un ser humano, pero lo que allí vivió no sabríamos explicar en que lo convirtió.

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