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viernes, 6 de marzo de 2015

¿Amistad, eso se come?

La armería estaba abarrotada de todo tipo de artículos de batalla. Desde cascos y  escudos, pasando por mazas, sables y hachas, hasta shurikens, bombas de luz  y una infinidad de artilugios que no harían precisamente cosquillas. Saltaba a la vista por la altura del mostrador que la regenta un enano y toda duda quedó despeja al escuchar el característico ritmo que solo un enano es capaz de generar con un martillo, un sonido casi musical procedente del interior del establecimiento, zona que quedaba oculta a la vista por una cortina. Álesmir soltó un saludo en enano, “Ya está otra vez el orejas punta” se escucha en la misma lengua. Parecer ser que aquel que les contó la historia de Zacarus resultaba ser el herrero de la ciudad. “Pues empezamos bien.” Murmulla para sí el semi-elfo.
Con cara de pocos amigos, el enano descorrió la cortina y se acerco al mostrador frotándose las manos con un trapo. Élencor dejo caer un fajo de objetos ante él. “¿Qué puedes darnos por esto?” El enano  miró al elfo de arriba abajo y procedió a revisar el fajo. Dos espadas cortas y una armadura de cuero. “48 peos” (piezas de oro, la moneda oficial, para aquellos que no anden familiarizados con la jerga del lugar) ”Las espadas están en buenas condiciones, pero la armadura – la observa detenidamente – está llena de tajos y cortes, en estas condiciones no sirve, así que tendré que repárala para poder venderla.” “Y que puedes decirme de esta arma” El elfo entregó una especie de maza al enano, quién la observó detenidamente. “Es una gran clava, un tipo de maza con forma de garrote y acabada en pequeñas estacas. Es un arma contundente, sencilla y de simple manejo. Hasta el más inútil de los guerreros podría usarla. ¿Deseas venderla?” Concluye el enano. “Por el momento prefiero conservarla, por si le resulta útil a alguno de mis compañeros.” Finaliza el explorador.
“Pues nada, trabajo hecho, vámonos con los otros Élencor.” Comenta tranquilamente el semi-elfo. “Perdona, soy el líder y no te atrevas a darme ordenes, sucio semi-elfo.” Le rehúsa este despectivamente. “¿Estás buscando pelea? Porque puedo partirte en dos con la espada si eso es lo que quieres.” le replica el semi-elfo ofendido “Si ni siquiera sabes cómo usar una espada, a los de tu calaña no deberían dejarles llevar armas. No eres ni una persona.” Escupe iracundo el elfo. “Lo dice el que necesita llevar dos espaditas y ni así consigue propinar un corte con ellas. Me sobro con la mía para…” “BASTA YA. POR MÍ COMO SI OS MATÁIS, PERO LO HACEIS FUERA DE MI TIENDA.” Y así, el enano concluyó la pelea.

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